Hace unos días nuestras compañeras del Programa PARES, publicaron su cuarto boletin. En el mismo, nuestra compañera Marta Gómez de la Vega, psicóloga social y psicoterapeuta, realizaba una reflexión sobre los realojos, que compartimos con vosotros/as a continuación.

“Está previsto que en los próximos meses comiencen a producirse los primeros realojos y por aquí, ¡ya estamos preparándonos! Queríamos aprovechar a compartir con vosotros/as algunas reflexiones sobre este proceso.

El realojo conlleva enfrentarse a un cambio importante. Supone enfrentarse a un nuevo espacio; en muchas ocasiones un nuevo barrio, nuevos vecinos, etc. Requiere abandonar un hogar, que aunque no fuera adecuado, ES… Es el espacio donde se han tejido historias, experiencias personales y colectivas que generan ese sentimiento de pertenencia y de seguridad que necesitamos las personas para seguir adelante.

Todo cambio genera cierta incertidumbre, ansiedades, resistencias relacionadas con la pérdida de ese entorno conocido. La posible “amenaza”  que supone  lo desconocido puede dificultar el proceso de adaptación al nuevo entorno. En este sentido, el traslado debe realizarse intentando minimizar la percepción negativa del proceso, que está relacionado fundamentalmente con reducir al máximo la ruptura con el entorno y con la dinámica habitual familiar. Será necesario que la alternativa habitacional no se valore solamente en su dimensión física, sino teniendo  en cuenta también, la funcionalidad de la misma. Los procesos de apego y arraigo al hábitat se producen también en situación de inestabilidad y precariedad pues, lo realmente importante, son los factores afectivos y emocionales que se generan en ellos. En este sentido es  frecuente que a pesar de vivir en condiciones indeseables las personas tengan sus dudas y miedos a abandonar sus hogares.

Una cuestión importante que hay que abordar en los realojos es la cuestión económica. Nos encontramos con familias inmersas en procesos de exclusión severos y crónicos, es decir, que cuentan con escasos recursos económicos, que son inestables y que se ven condicionados a las ayudas sociales. Por lo tanto, mantener una vivienda, aunque sea en alquiler, es para ellos difícil, pues requiere de una solvencia económica que la mayoría de estas personas no tienen. Esta situación tenemos que preverla y anticiparla y tenemos que intentar, mediante medidas compensatorias, garantizar una renta mínima que se pueda sostener a largo plazo, para que la incapacidad de pago no devuelva a la familia al círculo de la exclusión nuevamente.

El conseguir una vivienda digna y normalizada  está relacionado también con la inclusión en una estructura social formal, legalizada; en el sentido de tener que pagar no solo por la vivienda, sino también por los distintos servicios (comunidad de vecinos, luz, agua, basura, etc.). En este primer momento, es probable que la familia perciba que su situación económica empeora después del realojo. Tendremos que tener en cuenta este factor y trabajarlo con la familia, intentando que esta normalización de su situación sirva de revulsivo y estímulo para seguir avanzando en su proceso de integración y de conquista de una mayor calidad de vida.

Esto se relaciona también con una autopercepción negativa en relación al merecimiento del derecho a una vivienda y una vida digna. Este es un proceso cognitivo y emocional que afecta a las personas con las que trabajamos, provenientes de situaciones de exclusión severas y crónicas, que tienen interiorizado ese sentimiento de impotencia e indefensión personal que genera desesperanza y un sentimiento de no control de su vida (no hay nada que hacer). Por ende, la persona desarrolla conductas de pasividad y también de rechazo, realizando atribuciones externas de la causa de los procesos que viven.

Nuestro trabajo de acompañamiento previo al realojo será fundamental. A través de ese vínculo sólido, estable, protector, comprensible, se favorecerá el proceso de transformación de ese auto concepto de fracaso. Iremos trabajando el empoderamiento, la asunción de responsabilidades y la implicación, motivación y el protagonismo en su proceso de cambio.

La construcción de la identidad personal está relacionada con la mirada del otro. El auto concepto se refiere a la mirada que de uno mismo se tiene pero en relación con la mirada del otro. Es decir, es la  percepción que tiene la persona respecto a cómo cree que es visto por los demás. Los demás hacen de espejo de uno mismo y el reflejo es la proyección de la vida social del individuo. El auto concepto se nutre o se mina en función de la percepción que personas significativas del entorno social tienen sobre tu persona. En relación a esto, querríamos destacar la importancia en los procesos de realojo del trabajo comunitario para reducir o hacer desaparecer el estigma que sufren ciertos colectivos y que genera una serie de atribuciones negativas que alimentan un discurso social excluyente y una actitud discriminatoria.

Se genera un sistema de falsa supervivencia en el que unos se muestran superiores al otro. La sociedad “superior”, la que estigmatiza genera su zona de confort protegiendo una sociedad deshumanizada, despersonalizada y que se siente en peligro. La indiferencia, la invisibilización o la culpabilización del otro/a actúa como un mecanismo de defensa que se activa en la persona para reducir su conflicto interno y poder mantener esas creencias “cada uno tiene lo que se merece”, “existe justicia social” que favorecen un sentimiento de pertenencia y seguridad, necesaria para la persona, dentro de la sociedad del bienestar.

Por otro lado, los medios de comunicación, las Instituciones alimentan el estigma usando a estos colectivos más vulnerables como “chivo expiatorio”. Retomando palabras de Jesús Valverde Molina (Proceso de inadaptación social. 2002 4ª Edición), “son usados como detergente para lavar la imagen de las instituciones” que no pueden cumplir con su cometido de protección social. Instituciones Sociales y personas mantienen el “Estatus-Quo” con esa dualidad necesaria entre oprimidos y opresores que garantiza la seguridad psicológica y el sentimiento de control social. En este caso, para garantizar el éxito de los realojos, es necesario el trabajo de sensibilización social y el trabajo comunitario.

En este sentido el Programa Pares apuesta por un trabajo a largo plazo que no finaliza con el traslado sino que el acompañamiento seguirá después del realojo. Todo un reto en el que nos tenemos que implicar todos los agentes sociales; de la Administración Pública, entidades sociales y tejido asociativo local. Todos tenemos que hacer un ejercicio de renuncia y adaptación de nuestros esquemas mentales. La convivencia armoniosa no es sólo cuestión del que llega, sino que es un ejercicio de respeto, aceptación, comprensión, negociación, etc. de todas las partes; del que llega y del que ya estaba. El reto está servido pero…. Recordemos ¡la vivienda, la dignidad, es un derecho de todos/as!!!”

Bibliografía consultada:
Alicia Rodríguez y Susana Rudolf (2012). Construcción del ambiente residencial. Historias singulares de asentamientos, desalojos y realojos. Departamento de Publicaciones. Unidad de Comunicación de la Universidad de la República. Montevideo. Uruguay.
Erving Goffman (2006). Estigma. La identidad deteriorada. Amorrortu Editores. Buenos Aires-Madrid.

Podéis ver este boletín completo y el resto de materiales de la biblioteca del Programa en el siguiente enlace: http://programapares.org/publicaciones/

 

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